Descripción
Donde otros ven esfuerzo, nosotros vemos recompensa. Los pechos y las patas guardan el tesoro más preciado del cangrejo: carne dulce, fibrosa y de un sabor inconfundible que solo quienes saben desmenuzar aprecian en su justa medida.
¿Pechos o patas? Depende de tu ritual. Los pechos ofrecen láminas generosas de carne blanca, perfectas para ensaladas o tartas. Las patas, el placer de romper, desmenuzar y saborear con las manos, bocado a bocado.
El cangrejo no da su carne fácilmente. Por eso sabe mejor.







