Descripción
En las profundidades del Atlántico y el Mediterráneo, las cigalas hembras crecen lentamente, desarrollando una carne más densa, dulce y generosa que sus compañeros. Su cola ancha y redondeada guarda el manjar más preciado: una miga blanca, compacta y de sabor inconfundible que el mar madura con paciencia.
¿Por qué hembras? Porque su carne es más tierna, su sabor más refinado, su presencia en el plato más imponente. Son la elección de quienes entienden que en el mar, como en la vida, la calidad tiene género.
La reina merece su trono.







